Con la entrada del invierno, la formación de hielo se ve favorecida y una de sus versiones más peligrosa es el hielo negro o black ice

Uno de los fenómenos atmosféricos más peligrosos que nos podemos encontrar, literalmente, sobre la calzada es el hielo negro o black ice. Y este peligro viene, no solo de la naturaleza deslizante del hielo, sino de la “invisibilidad” que adquiere en este caso.

El hielo negro, o black ice, se produce cuando las gotas de agua ambientales entran en contacto con la superficie de la calzada y se congelan. Aquí entra en juego un factor determinante: la temperatura del propio agua.

El aire, con agua en estado vaporoso, tiene una temperatura de pocos grados positivos, mientras que el asfalto está a cero o, incluso, por debajo. Esta diferencia provoca que el agua que roza la calzada se congele y al ser transparente, se mimetice “tomando” el color oscuro del asfalto.

Por eso, cuando en noches de temperaturas de 0º o inferiores, al amanecer, nuestro termómetro ambiental nos muestre cantidades ligeramente superiores al punto de congelación, deberemos extremar las precauciones ante este posible peligro conocido así como black ice por su capacidad de pasar desapercibido al ojo.

Los lugares donde el hielo negro o black ice se genera son zonas de relativa humedad, favorecida por la presencia próxima de vegetación, y donde la temperaturas del aire sea de menos de 3 grados, por ejemplo, zonas de montaña, en al amanecer o al atardecer debido a la caída y contraste de temperatura entre el asfalto y el aire.

Este hielo suele aparecer el pequeñas placas, más difíciles de localizar pero que, de rodar sobre ellas, provocaría el deslizamiento del neumático y, por lo tanto, una posible pérdida de control del coche.

Una de las pistas para localizar el hielo negro es ubicar en la calzada zonas de mayor brillo que otras por eso, ante la sospecha de circular en por un tramo donde pueda generarse el black ice, la atención y la precaución son factores claves para evitarlos o salir airosos.

Consejos para conducir sobre hielo

Antes que nada, si vamos a circular habitualmente por zonas de temperaturas bajas o donde los fenómenos atmosféricos invernales arrecien, lo más indicado es montar neumáticos de invierno o, cuanto menos, unas ruedas All-season que se adapten mejor a estas condiciones aumentando el agarre y la seguridad.

Además, si sospechamos de la presencia de este black ice o de la posibilidad de conducir con placas de hielo sobre la calzada, siempre y cuando el coche disponga de asistentes de control de estabilidad, debemos cerciorarnos de que se encuentran activos.

Además, en situaciones de adherencia baja o casi nula, se debe fomentar el agarre mecánico de las ruedas buscando generar la mayor tracción de los neumáticos, reducir la velocidad y mantener un régimen por debajo de 2.500 rpm en marchas largas.

Circular a una velocidad moderada y, sobre todo, adecuada al momento y al lugar de la conducción, manteniendo una distancia de seguridad más que prudente para con los demás vehículos y anticipar maniobras de manera que favorezcan la trazada más segura, atendiendo a las pistas que hemos citado anteriormente, nos pondrán en una mejor predisposición a toparnos frente o pisar una placa de hielo o de black ice.

Llegado este supuesto, la forma de actuar es similar a la de circular con nieve: realizar movimientos de volante suaves, intentar mantener lo más rectas posibles las ruedas y, en caso de sufrir sobreviraje, la forma de recuperar la dirección y el control del coche es manteniendo la dirección opuesta para volver a la trayectoria ideal.

El uso del freno es clave: la presión sobre el pedal debe ser progresiva y suave, evitando actual sobre él forma contundente y puntual ya que produciría un efecto de deslizamiento mayor.