El verano es una estación muy delicada para nuestros coches debido a las altas temperaturas. Por ello, te contamos cuáles son los problemas más habituales de los coches durante el verano.

El verano es una estación delicada para el mantenimiento del coche. Ya no sólo porque tenga que afrontar largos viajes, sino que los climas extremos ponen a prueba a los vehículos y la mayoría de sus elementos sufren cuando Lorenzo le castiga con sus rayos.

Por ejemplo, cuando estamos en un atasco bajo el sol abrasador de agosto, nuestro coche se ocupa de mantenernos con un clima ideal gracias al climatizador. Sin embargo, en la calle no hay aire acondicionado, por lo que las altas temperaturas las sufre el coche de manera irremediable. Además, durante las estancias en la playa, nuestro coche suele dormir en la calle, por lo que ya no sólo tiene que soportar el sol, sino que la humedad de la costa también puede ser un problema.

Según un barómetro de averías efectuado por el Race, los motivos de asistencia en carretera más frecuentes son: problemas con la batería, con los neumáticos y mecánicos. Dentro de estos últimos, las averías en la bomba o inyectores diésel, el alternador, el motor de arranque, el disco y el cable del embrague y la caja de cambios manual son los problemas más frecuentes.

Además, los componentes que más sufren cuando se exponen a los rayos de sol son el sobrecalentamiento de la estructura y de los materiales internos del coche, las pérdidas de agua y aceite, los frenos y, sobre todo, el sistema de aire acondicionado. Obviamente, tanto el mal uso de los componentes como la antigüedad del parque móvil español tiene una incidencia directa en estas estadísticas. Por ello, no te pierdas nuestros 5 consejos para evitar averías en tu coche durante las vacaciones.

¿Qué partes de nuestro coche sufren en verano?

Pintura

La carrocería del coche es la más afectada por la radiación solar directa, puesto que es la parte que queda completamente expuesta. La pérdida de brillo en la pintura puede ser normal, sobre todo en colores como el rojo, amarillo, negro y blanco.

Por lo tanto, la manera más efectiva de combatir que el esmalte de nuestro coche sufra en exceso es intentar aparcarlo a la sombra o, en caso de que sea posible, meterlo en un parking. Además, existen unas ceras protectoras de la pintura que, pese a que no harán maravillas, sí que pueden proteger algo la pintura de nuestro coche. No te pierdas los consejos sobre cómo proteger el coche del sol cuando aparques en verano de nuestros compañeros de Highmotor.

Neumáticos

Los neumáticos son otros de esos elementos que sufren en caso de estar expuestos de manera directa bajo el sol. Ya no sólo se calienta el caucho con el que están fabricados, sino que más temperatura aún coge el asfalto sobre el que pisan, por lo que su temperatura puede aumentar hasta 10 grados más.

Además, pueden perder presión por culpa de estas altas temperaturas, por lo que el riesgo de sufrir pinchazos aumenta considerablemente. Es frecuente que en verano transitemos carreteras en mal estado para llegar a nuestra playa favorita, por lo que son en estos momentos en los que debemos tener más cuidado. Recuerda que tienes a tu disposición nuestros consejos para un buen mantenimiento de los neumáticos.

Molduras, faros y pilotos

Las molduras de goma que tenemos en todo el coche que se ocupan de unir las distintas piezas también se pueden resecar bastante en caso de tener una exposición severa al sol. Se pueden resecar y agrietarse, por lo que pierden sus propiedades, lo que resulta especialmente preocupante en las escobillas de los parabrisas.

Por otro lado, los faros también sufren, puesto que los componentes plásticos con los que están fabricados pueden llegar a cambiar su tonalidad. Si no has podido evitar que se queden opacos, no te pierdas nuestro reportaje de cómo pulir los faros del coche en cinco sencillos pasos.

conducir en veranoCristales y salpicadero

El salpicadero es la zona del habitáculo que más sufre cuando está directamente expuesta a los rayos de sol. Si estos ya dan mucho calor, el salpicadero sufre el “efecto lupa” que hace la luna delantera sobre él, por lo que puede llegar a alcanzar altísimas temperaturas. Por ello, el remedio más útil es el más sencillo: poner el clásico parasol para que no peguen directamente los rayos en el salpicadero de nuestro coche.

Pastillas de freno y electricidad

Las pastillas de freno pueden perder propiedades si alcanzan temperaturas demasiado altas, por lo que su funcionamiento y capacidad de mordida disminuye considerablemente. Por otra parte, los componentes electrónicos del coche pueden sufrir en caso de que superen los 50 grados de temperatura (una cifra muy habitual si castigamos al coche a varias horas de radiación directa).

Motor y batería

Cuando las temperaturas aumentan, el oxígeno del aire se disminiye. Nuestro motor necesita respirar igual que nosotros, por lo que en caso de tener menos oxígeno, la combustión en los cilindros no es la correcta y el rendimiento del motor puede empeorar.

Además, el sobrecalentamiento de la batería puede hacer que se despida de nosotros en mitad de un viaje. Poca gracia nos puede hacer si paramos a descansar en medio del viaje y el coche no vuelve a arrancar por la batería.

Intenta anticiparte a todos estos fallos

Si quieres intentar evitar o, por lo menos, minimizar las posibilidades de que tu coche sufra este tipo de fallos, es importante hacer una revisión previa a tu coche antes de salir de vacaciones. Revisar el aceite o el líquido refrigerante es clave a la hora de encarar un viaje de larga distancia. Además, es importante no forzar el sistema de aire acondicionado exigiéndole temperaturas demasiado bajas y también has de controlar la temperatura del motor en todo momento.