La Guardia Civil de Tráfico luchará contra las “filtraciones sociales” en los controles de alcoholemia y drogas con la medida más efectiva e imprevisible hasta la fecha.

Uno de los problemas más importantes a los que tiene que hacer frente la DGT es el consumo de alcohol y drogas al volante. Hoy en día, con la llegada de las nuevas tecnologías, los controles de alcoholemia han perdido parte de su efectividad ya que los conductores pueden avisar de la presencia de los mismos a otros usuarios. Un simple mensaje a través de redes sociales, o de Whatsapp, sirve para alertar a miles de personas y potenciales infractores que tendrían la oportunidad de esquivar el control tomando una ruta alternativa. En este contexto, la DGT con Gregorio Serrano a la cabeza ha querido tomar cartas en el asunto y ha lanzado una medida para luchar contra este fenómeno social: el organismo de tráfico ha invertido 5 millones de euros para la puesta en circulación de 300 motocicletas de la Guardia Civil que podrán realizar los controles de alcoholemia y drogas menos previsibles hasta la fecha.

Las motocicletas son los vehículos más ágiles de la carretera. Su gran movilidad, incluso en situaciones de alto tráfico, les permite desplegar un control de alcoholemia con mayor inmediatez que un coche, lo que les convierte en la opción perfecta para luchar contra el consumo de alcohol y drogas al volante. Prever un control que se instalará en cuestión de minutos y que al poco tiempo puede ser trasladado a otro lugar, resultará complicado para los conductores.

Las 300 motos de la Guardia Civil estarán equipadas con un sistema portátil para la detección de conductores ebrios, además de un detector de drogas mediante prueba salival.