El filtro de partículas DPF, que tantos quebraderos da a los usuarios en los coches con motor diésel, llega a los motores de gasolina. Esto es lo que tienes que saber si vas a comprar un coche de gasolina con este sistema.

Ya habituales en los coches con motor diésel, donde los filtros de partículas llevan utilizándose desde hace años, si te vas a comprar un coche nuevo con motor de gasolina es muy probable que también esté equipado con este sistema de tratamiento de los gases de escape.

Pero, ¿qué diferencia hay entre los filtros de partículas diésel FAP y los nuevos filtros de partículas de gasolina GPF? ¿Darán tantos problemas los segundos como han dado los primeros? ¿Qué tengo que tener en cuenta si mi coche de gasolina lleva filtro de partículas?

Vamos a dar un repaso al funcionamiento de los filtros de partículas y a su aplicación en los motores de gasolina, para resolver las dudas que puedas tener…. Y para que no tengas motivos para odiarlos, como sucede con los filtros de los motores diésel.

¿Por qué ahora hacen falta filtros en los gasolina?

La utilización de los filtros de partículas en los motores de gasolina viene motivada, como sucedió en su día con los diésel, por la entrada en vigor de normativas de emisiones cada vez más restrictivas.

Aunque aquí también tuvo mucho que ver el cambio que experimentaron los motores de gasolina cuando se puso de moda el “downsizing”. Los fabricantes empezaron a combinar inyección directa y sobrealimentación en motores de baja cilindrada, que eran capaces de ofrecer un rendimiento superior a motores atmosféricos de gran capacidad, y con una mayor eficiencia.

Los filtros de partículas para motores de gasolina han llegado para quedarse.

Pero por su propio proceso de funcionamiento, la combustión de la mezcla de aire y gasolina genera más partículas. Unido al endurecimiento de la normativa de emisiones, había que buscar una soluciones. Pero aumentar la presión de inyección buscando una mejor atomización del combustible, y por lo tanto, una combustión más limpia, no era suficiente.

Así, a finales de 2017 fue Mercedes una de las primeras marcas en anunciar la instalación de filtros de partículas en sus motores de gasolina, que se incorporaron a principios de 2018 en su Clase S. Enseguida siguieron el resto de fabricantes, inicialmente solo en motores de cierta potencia y en coches de alta gama. Pero en la actualidad llevan filtros de partículas la mayoría de motores nuevos, incluso los cada vez más populares motores de tres cilindros y baja cilindrada.

La adopción de forma masiva de este sistema tenía fecha: en septiembre de 2018 entraba en vigor el cambio del ciclo de homologación NEDC al WLTP y la normativa de emisiones Euro 6c, que establecía el mismo límites de emisiones de partículas para los motores de gasolina y los diésel.

Más duración y menos problemas que los filtros para motores diésel

Llegados a este punto, y sobre todo si vas a comprar un coche con motor de gasolina porque tu anterior diésel te ha dado muchos problemas con el filtro de partículas, lo primero que has de saber es que en los motores de gasolina no hay que tener tanto

En ambos casos el objetivo es atrapar, retener y eliminar las partículas sólidas que se generan en el proceso de combustión, y que emiten los motores junto a otros gases por el tubo de escape. Para ello, el filtro cuenta con una estructura interna en forma de malla realizada con materiales porosos, a la que se adhieren las partículas, que posteriormente el sistema se encarga de quemar antes de que el filtro se llene por completo.

filtro particulas diesel

La diferencia es que en los motores de gasolina la temperatura de los gases de escape es mayor, y es mucho más fácil que se quemen las partículas que atrapa el filtro de forma pasiva, mediante procesos de regeneración continua. En los diésel, sin embargo, se requieren procesos de regeneración forzada con pequeñas inyecciones de combustible que, además, aumentan el consumo. Tampoco es necesario en los filtros de los motores de gasolina la utilización de aditivos como el AdBlue que sí utilizan los diésel, algo que, al fin y al cabo, también requiere de una atención especial.

A diferencia de los motores diésel, los filtros de partículas en los coches con motor de gasolina no necesitan utilizar Adblue

Cómo cuidar el filtro de partículas GPF de un coche de gasolina

Por todo esto, la duración de los filtros de partículas para los coches con motor de gasolina es mayor que en la de los diésel, su mantenimiento es menor, y existen muchas menos posibilidades de sufrir averías.

Filtro de partículas
El tipo de combustible y la temperatura más alta de los gases de escape hace que el funcionamiento de los filtros de partículas en los motores de gasolina sea menos problemático que en los diésel, al producirse la regeneración del filtro de forma más sencilla.

Aun así, conviene tener en cuenta que es un elemento muy caro de reparar o de sustituir en caso de problemas. Por ello, para evitar averías en el filtro de partículas GPF de tu coche con motor de gasolina conviene tener en cuenta estos consejos:

Utilizar aceites de calidad.  Basta con asegurarnos de que el aceite cumple o supera las especificaciones mínimas recomendadas por el fabricante (recuerda, mejor si es un buen aceite sintético). Y, además, mejor si se tarta de aceites especiales para motores con filtro de partículas, aunque todavía es más fácil encontrarlos para motores diésel que para los de gasolina. Estos lubricantes se caracterizan por su bajo contenido en elementos como cenizas sulfatadas, azufre o fósforo. Alargarán la vida del filtro de partículas de tu coche, y no suponen un desembolso respecto a un aceite convencional como para no tenerlos en cuenta.

Salir a carretera. Lo más importante es que el filtro se regenere correctamente. Para ello, al igual que en los motores diésel con filtro, conviene no olvidarnos que de vez en cuando hay que salir a carretera y hacer que el motor funcione “alegre” unos kilómetros. Aquí no es tan necesario como en los diésel porque, como hemos explicado, los motores gasolina generan menos partículas y la regeneración se produce de forma casi continua. Pero si normalmente utilizas el coche por ciudad, no es mala medida salir a carretera al menos cada 300 km.