Si tienes un coche diésel con filtro de partículas y te mueves mucho por ciudad, es casi seguro que acabarás teniendo problemas. Te contamos cómo evitarlos.

No me digas más. Tienes un coche con motor diésel, y ya te han dicho alguna vez en el taller que deberías salir más a carretera. Te han contado algo del filtro de partículas, al que probablemente se hayan referido como FAP o DPF, según sus siglas en inglés o en francés. Pero no terminas de entenderlo…

No me extraña. De hecho, aquí te contábamos 10 razones por las que puedes acabar odiando el filtro de partículas de tu diésel. Y el principal problema radica en que, probablemente, solo haces recorridos cortos y por ciudad. Entonces, eres el caso típico de un usuario que habría necesitado un coche con motor de gasolina.

filtro particulas diesel

Lo primero, porque en esas situaciones y para este tipo de utilización, el diésel pierde muchas de sus ventajas en cuanto a consumo. Por un lado, por encontrarse con un auténtico “tapón” en el escape cuando el filtro no es capaz de regenerarse (más adelante lo entenderás mejor). Por el otro, porque estos filtros necesitan inyecciones de combustible adicionales para intentar la regeneración.

Pero no por ello vas a andar cambiando de coche ahora…

Lo que tienes que saber sobre el funcionamiento del filtro de partículas

En el taller no han querido darte largas. Cuando te dicen eso de que “tienes que salir más a carretera”, lo hacen con una base técnica, aunque a lo mejor no te lo han explicado del todo. Para que lo entiendas fácilmente, el filtro de partículas es un elemento que se coloca en la línea del escape, formado por un paquete de finos tubos de cerámica por el que se hacen pasar los gases procedentes de la combustión.

Las partículas gaseosas son capaces de atravesar esos tubos, pero no el resto, que se quedan ahí retenidas a la espera de ser quemadas y gasificadas, lo que se conoce como “regeneración”.

Lo que ocurre es que, para que esa regeneración se lleve a cabo, se necesita que la temperatura de los gases de escape sea elevada, en torno a unos 500 grados centígrados o superior. Y esa temperatura es difícil de alcanzar en trayectos cortos y circulando por ciudad. De ahí que tengas que salir más a carretera.

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El proceso genera a veces un círculo vicioso: para que la temperatura de los gases de escape se caliente y el filtro regenere, una de las cosas que hace el motor es inyectar combustible extra.

Pero si circulas en trayectos muy cortos y los gases no cogen temperatura, lo que puede suceder es que el motor funcione generando aún más partículas (hay más combustible a quemar). Para que esto no suceda, entra en juego el otro quebradero de cabeza de muchos usuarios de coches diésel: el aditivo Adblue.

Aquí te contamos lo más importante sobre el Adblue, porque aunque puede que no lo sepas, no vigilar el aditivo puede dejarte tirado. Resumiendo mucho, lo que consigue el Adblue es rebajar la temperatura necesaria para que las partículas retenidas en el filtro lleguen a quemarse, y que el filtro regenere.

Cómo evitar problemas con el filtro de partículas

Si has entendido lo anterior –y si no, da igual, lo siguiente es válido igualmente–, comprenderás mucho mejor los siguientes consejos que deberías seguir para evitar problemas, fallos y averías con el filtro de partículas de tu diésel.

filtro partículas diésel

1. Ya te lo han dicho en el taller, y nosotros también: sal de vez en cuando a carretera. Por lo general podría ser suficiente con un recorrido por autopista o autovía en el que circules a más de 80 km/h (mejor si mantienes el motor girando entre 2.000 y 3.000 rpm) durante unos 15 o 20 minutos.

Aunque, claro está, dependerá de cuánto uses el coche en ciudad. También puedes tomar como referencia los kilómetros: sal a carretera cada vez que hagas unos 250 km sin salir de la ciudad.

2.- Utiliza un aceite de calidad, que cumpla las especificaciones recomendadas por el fabricante para el motor de tu coche. De no hacerlo así, los aditivos del lubricante podrían provocar cenizas que son muy difíciles de gasificar en el proceso de regeneración, y que pueden obturar el filtro, provocando la consiguiente avería y paso por el taller.

Aquí tienes 15 preguntas sobre el aceite del motor de tu coche que deberías conocer.

3.- Vigila el indicador de Adblue (si tu diésel lo utiliza; no todos los motores diésel con filtro de partículas usan Adblue), y añade aditivo si es necesario.

4.- Ante cualquier funcionamiento anómalo, acude al taller. Si lo haces a tiempo y el problema está en el filtro de partículas, muchas veces es suficiente con una provocar una regeneración forzada (para ello se enchufa el coche a la máquina de diagnosis) o, en el peor de los casos, una limpieza del filtro, que es mucho más barato que cambiarlo por uno nuevo.

Algunos síntomas de que algo no va bien en el filtro son aumento de consumo, subida del nivel de aceite por encima del máximo entre revisión y revisión, o humos en el tubo de escape.

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