La Comisión de Fabricantes de Neumáticos apuesta por potenciar el conocimiento de la etiqueta del neumático

Forma parte del contexto en el que el usuario se acerca a las ruedas que posiblemente calzara su coche. Pero muchas veces, ni desde el propio cliente hasta el agente que gestionará la adquisición de unas ruedas conoce en profundidad o valora realmente la trascendencia del etiquetado de las ruedas nuevas.

Desde 2012, año en que se instaura la Etiqueta Europea del Neumático, parece que los usuarios no estamos sensibilizados todo lo que deberíamos con este elemento y herramienta fundamental a la hora de decidir la compra y la colocación de unas ruedas nuevas.

Pero tampoco el grado del conocimiento y aplicación de la información que aporta es el óptimo desde el punto de vista de los diferentes agentes de distribución y venta. Desde los concesionarios oficiales, a los talleres especialistas en ruedas, o los de electro-mecánica, que encuentran en la venta de ruedas nuevas un plus de ingresos, la información que ofrecen al usuario parece más ser un elemento a eliminar antes de salir del taller que una clave a la hora de elegir acertadamente unas ruedas nuevas.

Sea como fuere, la etiqueta del neumático aporta una información básica sobre el producto que tenemos frente a nosotros.

La información que aporta la etiqueta del neumático

La etiqueta del neumático recoge el formato que, desde el año 1994 muestra el etiquetado energético de ANFEL, Asociación Nacional Fabricantes e Importadores Electrodomésticos, dentro del marco europeo vigente referente obliga a los fabricantes de neumáticos a incluir información del producto desde el 1 de noviembre de 2012.

Así, de una forma sencilla, el etiquetado de las ruedas recoge mediante pictogramas y clasificaciones tres aspectos básicos: la eficiencia energética del neumático, es decir, la repercusión que tiene el coeficiente de rodadura para con el consumo de combustible; la adherencia en superficie mojada, o lo que es lo mismo, la evaluación de la distancia en metros que recorre al accionar el sistema de frenos de un vehículo circulando a 85 km/h sobre pavimento mojado; y, por último, el ruido exterior de la banda de rodadura, representado por bandas en función de la sonoridad desde los 80 km/h.

La aplicación de la información del etiquetado de las ruedas

Ahorro en la compra de ruedas nuevas

La información que transmite la etiqueta del neumático puede traducirse en, por ejemplo, respecto del consumo de carburante. Entre un neumático de la clase A y uno de la clase G, a lo largo de 10.000 km, la monta de unas ruedas que, en principio pudieran resultar más económicas de tipo G, aumente el consumo de carburante el equivalente a un depósito y, por ende, el gasto a medio plazo.

Según los datos ofrecidos, con una vida útil de hasta 40.000 por rueda, podría suponer que, la compra de unas ruedas clasificadas energéticamente como A, el ahorro de hasta cuatro depósitos respecto de las de clase G. Posiblemente, un desembolso inicial más elevado de las de tipo A que las de G, pero que acaba amortizándose tras el ciclo de uso.

Aumento de la seguridad

El estado de los neumáticos es fundamental para garantizar la seguridad de los ocupantes de un vehículo, de los del entorno y de los peatones u otras personas próximas a cualquier vehículo que circule por una vía y no solo nos referimos en cuanto a evitar multas u obtener una evaluación desfavorable por culpa de los neumáticos en la ITV. Hablamos de vidas en juego.

Por ello, dentro del análisis que debería hacerse antes de realizar la elección de unas ruedas nuevas, la etiqueta del neumático muestra la mayor o menor eficacia en una prueba de frenado en mojado.

Según las pruebas realizadas con el asfalto mojado, entre un neumático de la clase A y uno de la clase G puede haber una diferencia de hasta 18 metros, es decir, supone frenar un equivalente entre tres o cuatro coches respecto del elemento del que se debe detener el coche previamente para evitar una colisión.

La seguridad propia y la de los demás no debería cuantificarse pero, en un análisis económico, hablamos de que unas ruedas más económicas, podrían tardar hasta 18 metros más en detenerse y detener al coche que unas ruedas de la mejor clase.

Por último, las legislaciones son cada vez más exigentes en términos de respeto ambiental y, además de la clasificación de la eficacia de la rueda la etiqueta del neumático muestra otro aspecto que pasa muchas veces desapercibido debido a la inclusión dentro de la normalidad de la vida diaria, sobre todo, de las grandes localidades como es la contaminación acústica.

La información ofrecida por el etiquetado de las ruedas sobre los decibelios emitidos a una velocidad de 80 km/h ayuda a reducir otro de los parámetros que provocan, entre otros, enfermedades físicas o mentales como provoca la contaminación acústica.

La etiqueta por delante

Además de resultar una garantía de calidad ya que, la obligatoriedad por normativa europea de incorporar la etiqueta del neumático nuevo muestra y demuestra que que el producto cumple los estándares de calidad del marco que Europa exige a los fabricantes de ruedas.

Esto supone que los profesionales que se dedican, directa o indirectamente, a la venta de ruedas nuevas deberían conocer, aconsejar y ofrecer un producto en función de las necesidades del cliente.

Igualmente, pone al propio cliente en un situación de obligación casi moral o social a la vez que personal. Volviendo a la etiqueta de los electrodomésticos, la gran mayoría de futuros compradores de electrodomésticos aseguran que, en primer lugar, se fijan en la relación calidad-precio de un artículo para su compra y, posteriormente, en la etiqueta sobre eficiencia energética para decantar la adquisición final.

Según los datos barajados por la Comisión de Fabricantes de Neumáticos, a la pregunta de si conoce la etiqueta del neumático, tan solo el 8% dice conocerla, el 13 asegura tener algún tipo de conocimiento de la misma pero un sorprendente 79 por cierto desconoce por completo el etiquetado de las ruedas que tiene frente a sí antes de comprarlas.

Esto conlleva a reflexionar sobre la labor de concienciación respecto de este distintivo, una labor que debería partir desde el propio taller ya que, por ley está obligado a conocerlo y a informar al cliente sobre ello. Pero, por otro, al cliente que, igual que valora la información que recibe, por ejemplo, frente a la compra de un electrodoméstico, podría aplicar en la compra de un elemento tan importante para el funcionamiento óptimo y bajo unas condiciones propias de seguridad en el uso del coche como son las ruedas nuevas.