No, el diésel no está muerto, ni mucho menos. Pero las cosas están cambiando a gran velocidad, y atrás quedaron los tiempos en los que comprar diésel era garantía de ahorro. Ahora hay muchos motivos para olvidarte del diésel, según el uso que vayas a hacer del coche.

El diésel está en horas bajas. Las normas de homologación en lo referido a emisiones contaminantes son cada vez más severas. Y aquí es donde los coches con motor diésel empiezan a sufrir. Porque para dejar de ser esos coches sucios y humeantes de antaño, y poder superar estas normas anticontaminantes, los fabricantes se han visto obligados a desarrollar motores con sistemas de descontaminación de los gases de escape cada vez más sofisticados. La primera consecuencia directa está clara: los coches con motor diésel suben su precio. Y la segunda, puedes imaginarla: más elementos en juego, más posibilidades de averías.

gasolina o diesel

El famoso escándalo conocido como “dieselgate”, en el que se detectó que Volkswagen había recurrido a un software ilegal para reducir los resultados en los test de emisiones de unos 11 millones de coches con motor diésel vendidos en todo el mundo entre 2009 y 2015, aceleró la pérdida de confianza que la mayoría de los usuarios tenían en una tecnología que, hoy por hoy, sigue mostrando una ventaja imbatible frente a la gasolina cuando se trata de coste por kilómetro.

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Pero precisamente el avance experimentado por los motores de gasolina en los últimos años, y también el proceso de electrificación al que se están apuntando la mayoría de los fabricantes como una de las únicas soluciones posibles para cumplir con las futuras normativas anticontaminantes que están por venir, ya hay quien –como es el caso de Volvo– ha anunciado que abandonará definitivamente los motores diésel a medio plazo. Una tecnología que prácticamente ya ha desaparecido en algunos segmentos del mercado, como en los coches pequeños destinados a un uso principalmente urbano.

Mientras que en 2012 los diésel tenían una cuota de mercado en España de casi el 70% del total de las matriculaciones, en la actualidad han caído hasta el 42%.

Como decía al principio, los diésel tienen todavía mucho recorrido por delante. Seguirán siendo la principal opción y una compra muy válida en muchos mercados y para determinadas utilizaciones. Por ejemplo, para el segmento específico de flotas. O para aquellos usuarios que realmente recorren muchos kilómetros al año y apenas pisan la ciudad. También en coches de cierto tamaño y peso, como los grandes SUV y monovolúmenes, donde el diésel garantiza el agrado de conducción que permite contar con un elevado par motor desde bajas vueltas sin que el consumo se dispare. También puede ser preferible un diésel si vas a tirar de un remolque, o para practicar 4×4.

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Pero si no te encuentras en ninguno de los casos anteriores, o si tienes la más mínima duda, aquí van diez motivos por si estás buscando excusas para decir adiós definitivamente al diésel y todavía no te atreves.

1 Los diésel siguen siendo más caros

Hay excepciones. BMW, por ejemplo, fue una de las primeras marcas que apostó por comercializar modelos equivalentes con motor de gasolina y diésel de la misma potencia al mismo precio. Pero lo normal es que los diésel sean más caros. Esto quiere decir que inviertes más en la compra… o que por el mismo dinero, dentro de una misma marca y modelo la alternativa diésel suele ser menos potente.

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Y en el futuro, todo apunta a que los costes de producción de los coches con motor diésel seguirán aumentando, pues cada vez es necesario por parte de los fabricantes añadir más tecnología para cumplir con la normativas de emisiones.

2 Los diésel tienen más averías… y más costosas

Aquí es cierto que la cosa se iguala un poco desde que los motores de gasolina se pasaron a la inyección directa y a la sobrealimentación. Pero a nadie se le escapa los problemas que están teniendo los coches con motor diésel relacionados con los caudalímetros, las válvulas EGR y los filtros de partículas.

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Estos sistemas son poco amigos de los recorridos urbanos, y si usas mucho tu coche en ciudad y no sales a carretera, estás comprando todas las papeletas para que te toque el “gordo” en forma de una costosa visita al taller. Aquí te dábamos algunos motivos por los que podrías acabar odiando el filtro de partículas de tu coche con motor diésel. Si ya te has visto en una de estas, entonces puede que no necesites muchas más excusas para buscar alternativas.

3 Descarta el diésel si haces mucha ciudad

Este punto está directamente relacionado con el anterior. Al menos en lo que se refiere a las averías. Pero es que, además, si el uso del coche es en estas situaciones de recorridos muy cortos en los que el motor no llega a coger temperatura, el diésel pierde gran parte de su teórica ventaja inicial en consumo frente a los motores de gasolina.

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Para que te hagas a la idea: un compacto turbodiésel con motor 2.0 de unos 130-140 CV puede consumir de media 6 l/100 km en carretera y autopista. Pero será muy normal que la cifra se eleve a 8 l/100 km a poco que uses el coche para llevar a los niños al colegio a la vuelta de la esquina y poco más.

4 Los nuevos motores de gasolina gastan muy poco

Es cierto que los diésel siguen teniendo ventaja. Pero con la reducción de cilindrada que han experimentado los motores de gasolina –cada vez hay más con tres cilindros–, junto a la popularización de la inyección directa, las diferencias se han reducido enormemente. Y no digamos ya si tenemos en cuenta los coches híbridos.

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En la actualidad ya hay incluso motores como el 1.5 TSI de Volkswagen que cuentan con un sistema que desconecta la mitad de los cilindros cuando se circula con poca carga sobre el acelerador, lo que permite ahorrar combustible. Consumos reales que hasta hace poco eran sólo posibles con motores diésel están ya a la altura de coches con potentes motores de gasolina. Eso sí, para gastar poco, un motor de gasolina exige una concentración y emplearse en la conducción mucho más que en un diésel, en el que el consumo no aumenta proporcionalmente tan rápido como en un gasolina con el ritmo de marcha.

5 Los coches de gasolina siguen siendo más suaves

Para algunos conductores puede ser un motivo más que suficiente. Y no me refiero sólo al placer de estirar las marchas de vez en cuando. Los nuevos motores de gasolina, incluso los cada vez más populares motores tricilíndricos, que teóricamente parten con desventaja en cuanto a equilibrado y vibraciones, tienen un funcionamiento más suave que los diésel.

Además, como ahora prácticamente todos los motores de gasolina también tienen turbocompresor y anuncian el par máximo antes incluso que los diésel, resultan más agradables de conducir, al unir a su mayor suavidad un margen de utilización más amplio.

6 Cada vez hay más oferta en GLP y GNC

Otro de los motivos para pasar del diésel es la amplia oferta que empieza a existir en el mercado de coches que funcionan con gas licuado del petróleo (GLP o Autogás) o con gas natural (GNC). Si lo único que te sigue atrayendo de los diésel es su bajo consumo, debes saber que los coches que funcionan con gas presentan un ahorro en euros por kilómetro recorrido que puede oscilar en torno al 35 por ciento frente a un diésel.

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Sin ir más lejos, en la prueba del Seat Ibiza 1.0 TGI te dábamos 5 razones para pasarte al GNC, en este caso comparando este combustible tanto con el diésel como con la gasolina. Y ya empieza a haber en el mercado una amplia oferta de modelos para elegir con la instalación directamente de fábrica, sin contar con que siempre se puede adaptar un modelo de gasolina a posteriori para funcionar con gas.

7 Apenas hay híbridos diésel

Recientemente, Mercedes ha anunciado que apuesta por los diésel híbridos enchufables. Pero la realidad a día de hoy es que se cuentan con los dedos de una mano –y todavía sobran– las opciones que existen en el mercado con tecnología híbrida, enchufable o no, que recurran al diésel como motor de combustión.

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Los pocos que hay, además, son modelos de gama alta –Audi Q7 e-tron, Volvo V60 D5 Twin–, por lo que si buscas beneficiarte de alguna de las ventajas que presenta la etiqueta ecológica de la DGT en el caso de los coches híbridos, lo mejor es que busques entre los gasolina.

8 Los diésel de ocasión se depreciarán cada vez más

Si hasta hace poco un diésel podía compensar en parte su mayor precio de venta al mantener su valor residual mejor que un coche con motor de gasolina, ahora puede producirse un vuelco radical.

El precio de los coches diésel de segunda mano que no cumplan como poco la normativa Euro 6 podría resentirse si se confirman las restricciones de uso para los diésel más contaminantes en algunas ciudades, con las que amenazan una y otra vez los gobernantes. Y por último, la incorporación de costosas tecnologías como los mencionados filtros de partículas, que tantos problemas están ocasionando a los usuarios de coches con motor diésel, también puede hacer que éstos caigan de precio en el mercado de ocasión.

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Lo que a la hora de comprar un diésel de segunda mano antes era un “¿tiene cambiada la correa de la distribución?”, ahora puede convertirse en un “¿cuántos kilómetros tiene el filtro de partículas?”. Lógico, tener que sustituir el filtro puede ser tan caro o más como hacerlo con la correa de la distribución.

9 Fiscalidad y futuras restricciones

Aquí hay un poco de incertidumbre. El mencionado escándalo de las emisiones de VW y distintos estudios sobre los efectos de los óxidos de nitrógeno y las partículas han precipitado el debate sobre el impacto que tienen los distintos tipos de combustible en el medio ambiente, poniendo cada vez más en entredicho a los diésel. Y lo que durante años ha supuesto beneficios y ventajas impositivas para los diésel derivadas de sus menores emisiones de CO2, puede volverse en su contra ahora que empiezan a preocupar otras emisiones como los NOx o las partículas.

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Esto ha motivado que los gobiernos de algunas grandes ciudades europeas anuncien la implantación de las llamadas Zonas Urbanas de Atmósfera Protegida, en las que se vetará la circulación de los vehículos más contaminantes. Y aquí vuelve a aparecer el diésel en el punto de mira, si bien es cierto que hay mucha confusión al respecto. Hoy por hoy no se puede restringir la entrada a una ciudad de un coche con motor diésel moderno, que cumpla la normativa de emisiones en vigor, sólo por el hecho de utilizar gasóleo como combustible. Pero ya hay restricciones anunciadas que sí afectan a los diésel más antiguos.

10 La amortización del diésel ya no es lo que era

La “calculadora diésel o gasolina” ya no ofrece los resultados de hace unos años, cuando era obligado echar cuentas para ver los kilómetros que se tardaba en amortizar el superior precio de compra de un diésel. Y al final, las cuentas salían. Ahora la diferencia de precio entre la gasolina y el gasóleo ya no es tan grande, y los motores de gasolina de nueva generación–y no digamos ya si metemos en la ecuación los híbridos o coches con GLP y GNC– han reducido drásticamente su consumo.

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Por ello, se eleva en muchos casos el kilometraje que es necesario realizar para amortizar la diferencia de compra entre un diésel y un gasolina. Y eso contando sólo el precio de adquisición y el gasto por kilómetro en combustible, sin contar con la diferencia en mantenimiento, impuestos, etc. Como orientación, se puede estimar que para que un modelo medio con motor diésel empiece a resultar rentable respecto a uno de gasolina, habría que recorrer en torno a 20.000 km al año como mínimo, y esperar al sexto o al séptimo año para empezar a recuperar la inversión extra. Un dato: la media de kilómetros que recorre un usuario en España está actualmente por debajo de los 10.000 km anuales.